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LA SARITA: YA ESTÁ AQUÍ “MAMACHA SIMONA”
aldeaw.rpp.com.pe/quemarropa publicó el 07.MAR.2009
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Mar de Copas y Líbido pueden sentir algo menos de presión mientras resuelven los detalles de sus nuevos trabajos. La Sarita acaba de sacar el primer álbum más esperado del año. Demostrando gran capacidad reconstructiva, La Sarita que firma este disco y posa en las fotos de interiores hace solo unos meses no existía. Eso de por sí ya es algo notable en el disco más completo de su carrera.
Divergencias con el entorno que los maneja hicieron que el vocalista y letrista Julio Pérez y Luis Choy, guitarrista fundador, tomaran la decisión de despachar al resto de La Sarita primigenia y tras un intervalo de probar los nuevos temas con músicos más trajinados, volverlos a congregar y, de paso, resurgir como grupo. Más detalles sobre esto en este post mío anterior, y en la hoja de créditos del disco, donde las responsabilidades de bajos, baterías y teclados se duplican con nombres distintos. “Creo que el verdadero lanzamiento de La Sarita es ahora”, dice Pérez. No le falta razón.
“Mamacha Simona” se aleja con decisión de los sonidos de cumbia-rock heredados de Los Mojarras y depende menos de los riffs à la Rage Against The Machine -sin renunciar a ellos- que los hicieron populares entre la juventud saltarina y poguera de la década anterior. Fue necesario para esto una inmersión de Pérez en parajes andinos donde bebió hasta embriagarse de nuevos sonidos e ideas.
Por ello “Carnaval” es una mala forma de comenzar el disco. Para quien recién se inicia en La Sarita, el estribillo facilón de “bailando, saltando, cantando… porque este ritmo está pa’vacilar”, completo con “eeees” y “oooos”, te da una idea distorsionada de los colores y capacidad de mirada que tiene el resto de temas. La cosa en realidad arranca en el surco dos, “Fiesta de Aucará”, donde la gran revelación son las notas altas en la voz de Pérez. ¿Con qué derecho nos las tenía escondidas?
Complejos y festivos, los temas de “Mamacha Simona” presentaron un desafío para el productor José Carlos Ponce, del que no siempre sale airoso. ¿Cómo capturar la energía que da un colectivo de diez integrantes -contando músicos andinos y danzantes de tijeras- en un solo álbum? Batallar un poco más con la nasalidad en la voz de Pérez hubiera otorgado más contundencia en “Canto Enfermo” por ejemplo, la única canción, dicho sea de paso, donde Choy intenta algo parecido a un solo de guitarra. Pero no es algo que te des cuenta en todo el resto del álbum, y eso también es importante porque la guitarra de Choy hace tiempo que está erigida como columna vertebral del sonido de La Sarita.
“Cueva de Amor” es la sorpresa escondida. Es de esas canciones sandungueras que crees haber oído antes, y te engañas. La tonada, música y letra obra de Pérez, se te queda pegada mientras pides otra jarra de cerveza. “Maldito Brichero”, un nocaut a la pose del heredero incaico levantagringas que abunda en el Cusco, es mordaz y precisa. ¿Qué chica habrá perdido el autor frente a uno de estos para inspirarla? Gracias, brichero maldito. “Tierra Sagrada” debe haber sido compuesta en medio de un afiebrado embeleso ante la magnificencia de los paisajes del ande. Ante la contundencia del homenaje, discutir ese punto de vista es imposible. Como el respeto en los acordes de “Macha Simona” a cargo del arpa andina de Raúl Curo: Pérez se toma prestado un fraseo estilo Molotov para abrir su corazón. “Hay una razón para decir lo que creo / no me preguntes por qué / es tan solo lo que creo”.
“Mamacha Simona” se hizo esperar pero llegó al fin. Es una gran noticia en tiempos de crisis económica y masculina. Allí donde solo mujeres como Kina Malpartida, Claudia Llosa y Sofia Mulanovich traen las buenas nuevas al Perú, hay diez hombres proclamando que de este lado no todo está perdido.
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